Microcuentos II - Daniel C. Montoya

De par en par
Las puertas de la casona estaban abiertas, rotas. En la madrugada, sobre el viejo adoquinado de Villa Urquiza, el camión militar cargado de muebles y electrodomésticos se alejaba detrás de un Falcon con las luces apagadas. El lento ronronear de los motores apenas fisuraba el silencio obligado.
–¡No te metas! –susurraron tras unas cortinas que apenas escondían las siluetas en la oscuridad interior–. ¡Por algo habrá sido!... –remataron–. Algo habrán hecho –se masculló en la casa vecina. Las otras ventanas guardaron silencio expectante.
El operativo relámpago había sido eficaz. Nadie escapó. Las puertas de la casona quedaron de par en par. Nunca más se supo de ellos. Sólo pasaron a engrosar la lista los que no están.
Comisión
Las condiciones del préstamo acordadas cumplen lo exigido por el holding de bancos privados avalados por el FMI y el Banco Mundial –dijo–. Sobre la base que ustedes, señor Presidente, siempre se encuadraron en las pautas preestablecida por el organismo. Esto fue decisivo para que se aprobara tan rápido. La deuda externa de su país –siguió explicando el alto funcionario al barajar los papeles ha firmar–, se cuadriplicará en dos años. Con sus enormes recursos naturales, en su momento se verán las modalidades de cancelación total; mientras tanto, las privatizaciones de las empresas del Estado y la liberalización de la economía nacional ayudarán en la cancelación de los intereses acumulados. El único inconveniente en lo mediato en el profundo ajuste socioeconómico que deberán implementar. Pero confiamos en que su gobierno sabrá preservas las condiciones para evitar desbordes o indisciplinas graves. Una misión del Fondo viajará a Buenos Aires cada tres meses como controladora de las pautas; igual no se preocupe –moderó conciliador–, sabemos que usted cumplirá; es sólo a los efectos burocráticos y fiscalizadores y para guardar la imagen de imposición de la entidad.
–El tema de la comisión, ¿se menciona en esos papeles? –preguntó el Presidente, algo inquieto, girando el enfoque de la discusión sobre el acuerdo.
–¡No, de ninguna manera! –respondió seguro el funcionario–. Su comisión y la de sus ministros serán depositadas en cuentas secretas, con claves personal que sólo ustedes conocerán, acreditadas a varias empresas fantasmas con depósitos en bancos de las Islas Caimán –concluyó.
No era
–¿Es? –inquirió el sargento en medio de la noche cerrada a la vera del camino de tierra.
–¡No! –respondió el cabo sorprendido al dar vuelta el cuerpo baleado–. A este pibe lo conozco, vive a unas cuadras; siempre viene a esta hora de estudiar. ¿Y ahora qué hacemos? –preguntó, ya presa de un temor creciente.
–Debajo del asiento del patrullero tengo un arma trucha… se resistió a la voz de alto… y chau –fue la respuesta.
Agotado
De última, el petróleo árabe se agotó. Y con él, el antagonismo de intereses económicos sobrepuesto a los culturales. Fue el fin del choque de las civilizaciones. Occidente, como era de esperarse, recurrió al autoabastecimiento energético con el desarrollo de nuevas tecnologías en combustibles, que terminaron siendo no contaminantes. Esto mejoró la calidad medioambiental del planeta. Y los países de Oriente Medio, que siempre fueron pobres pero orgullosos, por fin fueron libres en su infortunio.
Autor: Daniel C. Montoya. Centro Cultural Aníbal Troilo.
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