domingo, 6 de septiembre de 2009

"Músico en subte" - Leonor Luciani

Músico en subte

Como un prolijo pescador, se instala temprano al borde de la profunda pecera dorada.
Pone la silla, al lado su bolso, se acomoda el sombrero, un trapo sobre sus rodillas, luego el fuelle y suavemente empieza a tender sus redes de sonido, mirando sin mirar, ensimismado por lo que empieza a producir entre sus piernas.
De acuerdo a la hora, pasan cardúmenes virulentos, que casi lo atropellan, uniformados, rígidos, con el segundero pegándoles en los talones, arrojados con fuerza hacia delante.
Atrás, rezagadas, todavía con las miasmas pelaginosas del sueño surcándoles las caras, bogas oscuras arrastradas por la corriente.
La red trepa la escalera con esmero, sorteando papelitos, tratando de pescar a los multicolores de agua dulce, que se nutren a toda hora de ilusiones y que sin transición, saltan de las profundidades a la más hermosa de las islas flotantes; sintiéndose invadidos por la queja melancólica de esa música, quedan como hipnotizados, sin avanzar ni retroceder, hasta que de pronto despiertan del hechizo, vibran y con sonrisa culpable dejan una moneda y siguen por la vida, englobados por corrientes imprevisibles.
Hay horas de quietud, él deja correr sus pensamientos sobre la bruñida superficie: su hijo, la cuenta de luz a pagar, los años, tantas cosas... la vista fija en el rectángulo celeste cielo que se le ofrece, utopía de sueños suspendidos.
De pronto aparece, dorada en su andar, la larga cabellera amontonada sobre un hombro y lo mira. Él también la mira, sopesa sus curvas y, sutilmente, la sombra de su pañuelo al cuello se estira hasta envolverla; la sirena parece esperarlo, plantada tras la reverberación de sus ojos.
Deseándole las manos, que pulsan con precisión los botones, se ondula para él, se revuelca en los compases, se abraza a una línea roja creando disonancias extrañas, quitándole el aliento, y en un corte abrupto se le acerca tanto que siente las burbujas que salen de su boca palpitante.
Al querer retenerla y hacerla suya, ella se deshace como espuma fresca entre sus dedos, flotando intangible en su vasta soledad de artista.
Leonor Luciani. Centro Cultural Belgrano R.

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1 comentarios:

A las 7 de septiembre de 2009, 0:41 , Blogger La Morocha ha dicho...

hermoso pero triste... gracias!

 

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