jueves, 29 de enero de 2009

"Recuerdos" (fragmento) - Juan Pablo Marinelli


Recuerdos (fragmento)

I

Me despierto, sobresaltado, al igual que en aquella mañana. Sobresaltado, por esos sueños, recurrentes, violentos; y hasta siento el humo en la boca, al igual, que en aquella mañana. Cuando escuché el relato, de Valenzuela, mi amigo, rodeado de humo; y hasta escucho los mismos ruidos, que escuché, en aquella mañana.

Me recuesto, la respiración apremiada, va cediendo: miro hacia afuera, más tranquilo; es de noche.


Cuando llegó, era de día, temprano; recuerdo su cara, cuando le abro la puerta.

Valenzuela, que sin dormir, y sobresaltado, me abraza, cuando le abro la puerta. Le digo que pase, cierro, se sienta, pausadamente, y le sirvo un trago. Se sienta, pausadamente, en un sillón del living, y empieza a llorar.

Dice que lo hizo, que lo tuvo que hacer; le digo qué.


Valenzuela, que sigue llorando, y repite que lo hizo, toma un trago, y me mira. Le prendo un cigarrillo, prendo otro para mí, y lo miro. Hacía mucho que no fumaba; y él, repite que lo hizo, que lo tuvo que hacer.

Le vuelvo a decir: qué.


Me pregunta, si recuerdo a Juan Pablo y a Mirta. Le digo que sí; dice: los mataron. ¿Cuándo?, pregunto. No sé, contesta. No están más, se los llevaron.

Es 1972, y todavía, no es costumbre.


Tuve que esperar muchas horas en un departamento, dijo esa mañana Valenzuela; tuve que esperar, enfrente, a donde él, va a almorzar los mediodías. Éramos dos, dijo Valenzuela con un vaso en la mano; éramos dos, en ese departamento, ese cuarto, esa mañana. Valenzuela se levanta, y camina, de un lado hacia otro; es temprano. Lo alquilaron, continua Valenzuela, caminando de un lado hacia otro, dos compañeros que trabajan con nosotros. Valenzuela se detiene, frente a mí, y me mira. Pasamos la noche ahí, retoma, y la mañana en ese departamento, dice, se hacía interminable. Nosotros teníamos que esperar, mientras los otros dos seguirían el trayecto del auto; en el cual, él, se dirigía junto a sus tres guardaespaldas, a almorzar. Todos los mediodías, de la oficina a ese bar. Cuando se están acercando, a la esquina, nuestros compañeros nos dan la señal: debemos bajar. Se detiene el auto, enfrente del edificio, el auto que lo lleva al bar; ya estamos en la puerta. El auto, ellos, enfrente nuestro. Ellos, que no sospechan nada. Nuestro auto, que se encuentra a la vuelta, espera para escapar.

Todavía no sospechan: su auto, ellos, enfrente nuestro.

Un guardaespaldas se baja primero, y le va a abrir al coronel; en ese momento, cruzando la calle, sacamos los fierros. Yo, y mi compañero: por Juan Pablo y por Mirta.


Son dos ráfagas precisas: cuatro muertos, dice un Valenzuela, que tuvo que disparar.

Autor: Juan Pablo Marinelli. Talleres particulares de Fabián San Miguel.
Este fragmento pertenece a la novela inédita Recuerdos.

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