viernes, 19 de diciembre de 2008

"...y gracias por los servicios prestados". Daniel C. Montoya


… y gracias por los servicios prestados

Sin previo aviso, sin que los incunables revelaran en absoluto que ese día, sería el día, o que el firmamento lanzara señal cósmica inconfundible alguna, a las 03:10 AM, las macizas puertas de los aposentos papales se conmovieron por unos golpes. Malhumorado al no obedecer su veña de entrar, tras haberlo despertado, el propio Papa se levantó refunfuñando para atender el insistente llamado. Ni bien abrió, preparado para proferir severa reprimenda, quedó estupefacto ante quien molestaba a su puerta.
–Buenas noches, buen hombre –dijo afable la inesperada visita–. Sepa disculpar la molestia a estas horas, pero es un asunto de suma importancia y urgencia.
Consternado, la boca y los ojos del Papa se expandieron de asombro; su corazón no se detuvo ante tamaña sorpresa y susto, seguro porque quien lo observaba no lo deseaba así.
–Sí ya sé, no me diga nada, soy yo, no cabe duda, Jesucristo en persona –le indicó éste frente a la combinación de espanto, reverencia y sumisión que el Papa no se atrevía a definir.
–Pero por favor, evitemos los protocolos terrenales –continuó–. Nada de postraciones, me da vergüenza ajena que se arrastren en cruz detrás de mí, y odio que me baboseen el ruedo de la túnica besándomela. Le comento. Nuestro Padre Celestial, más mío que suyo, nuevamente me ha enviado para que solucione los problemas del hombre. Buena reprimenda pesqué por el fracaso de hace dos mil años, y eso que con lo de la Crucifixión me llevé la peor parte. Igual ustedes aquí abajo, con mi legado, no lo hicieron muy bien que digamos.
El Papa pasaba de un color papel en su rostro a un violeta intenso.
– ¡Dispongo que respires! –enunció imperativo Jesús, tronándole los dedos en las narices.
Y el pecho del Papa comenzó a hincharse y a contraerse con normalidad, siseándole el aire entre sus encías por la falta de sus postizos.
–Como le decía, finalmente Dios ha decidido tomar cartas en los asuntos de la Tierra. ¡Aplicar mano dura! ¡Terminar con el libre albedrío humano! Convendrá conmigo, que por más buenas ganas que le pusimos, las cosas no funcionaron.
El Papa, algo recuperado, intentó ensayar una respuesta que sólo alcanzó para un tartamudeo silaboso –pe, pe, pe, pero… –el pasmo y las dudas pontificias reverberaron así como un tableteo en la vastedad del recinto.
– ¡Nada de peros! ¡Es Dios el que lo dispone! –retrucó rápido Cristo–. Véalo como un mero giro político en busca de eficiencia y optimización de resultados –siguió argumentando–. La Iglesia del pueblo que dejé, la habéis elevado, con el Vaticano, al rango de Estado, alejándola del llano donde está la gente. Pues bien, tome esto como que a partir de hoy se produce una reestructuración que incluye recambio ideológico y reemplazo de funcionarios, como en cualquier gobierno de Estado. Necesito que para el mediodía, todas las autoridades eclesiásticas, desde el Papa para abajo, o sea cardenales, obispos, monseñores, sacerdotes y la totalidad de la escala jerárquica de las hermanas monjas presenten sus renuncias a sus cargos. Veinticuatro horas después deben desalojar el Vaticano; ¡todo el Vaticano y otras instalaciones cristianas en el mundo! San Pedro y el resto de los apóstoles, ángeles, santos y vírgenes que me hagan falta, ya vienen en camino para conformar un gabinete de emergencia y ocupar demás cargos menores, instalando así, el tan prometido Reino de los Cielos sobre la Tierra. Papá ha decidido por fin cumplir con lo prometido.
—¡Pero eso es imposible! –afirmó más recompuesto el Papa.
—¿Imposible?... ¡IMPOSIBLE ERA CREAR EL UNIVERSO, y aquí estamos! –fue la seca respuesta–. Necesito también un tasador que sepa valuar todas las reliquias y riquezas acumuladas aquí a precio justo de mercado. Tanta fastuosidad, al nuevo reino de Dios no le sirve de nada. ¿Conoce alguno de honestidad proba? Y por último, por favor, no piense que esto es algo personal. Los caminos del Señor, para hacer su grandiosa voluntad, suelen ser misteriosos e insondables… ¡ah!, y gracias por los servicios prestados…

Autor: Daniel C. Montoya. Centro Cultural Aníbal Troilo

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6 comentarios:

A las 30 de diciembre de 2008, 22:53 , Blogger mirta ha dicho...

Felicitaciones al autor. Muy bien utilizado el recurso de la ironía,muy original el tema.Excelente paralelismo entre lo imaginario y lo real. Me gustó mucho. Mirta

 
A las 12 de enero de 2009, 9:16 , Anonymous Anónimo ha dicho...

Muy bueno!!!
Mariana

 
A las 17 de febrero de 2009, 16:51 , Blogger Cristina Bertos ha dicho...

Daniel... que decirte... Eres muy bueno. Me encantan tus escritos!!!!
Jane.

 
A las 9 de marzo de 2009, 22:35 , Anonymous SUSAN ha dicho...

PERFECTO. ES TOTAALMENTE MARAVILLOSO,YA QUE DIO, EL ESCRITOR Y YO PENSAMOS DE LA MISMA MANERA.....ESCRIBES MARAVILLOSAMENTE.TE FELICITO QUEREMOS LEER MUCHOS MÁS...BESOS SUSAN

 
A las 10 de marzo de 2009, 23:07 , Anonymous SUSAN ha dicho...

HOLA!!! LO HE VUELTO A LEER, CREO TE HAS GANADO EL CIELO ...DIOS TE LLEVA SEGURO. SI ES QUE EXISTE.....DIME CUANDO VOLVERE A LEER OTRO CUENTO.... BESOS SUSAN

 
A las 23 de marzo de 2009, 19:00 , Blogger Abril Lech ha dicho...

Me hiciste reir mucho! Genial!

 

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